¿A QUÉ NOS REFERIMOS CUANDO HABLAMOS DE LA NATURALEZA?
La Real Academia
Española de la Lengua define a naturaleza como “conjunto, orden y disposición
de todo lo que compone el universo”. Esa definición es amplia, pero sin embargo
no ayuda a comprender qué es o cuáles son sus atributos. Como se verá en esta
sección, la idea de naturaleza no es única y varía según la época y la
disciplina consideradas. En algunos casos se define por oposición a lo
artificial, es decir que lo natural es aquello que no ha sido modificado por el
hombre; en otros, se utiliza el binomio sociedad-naturaleza en referencia a
situaciones supuestamente antagónicas que enfatizan las diferencias entre los
productos de la acción humana y aquellos en los que el hombre no ha intervenido.
Es interesante tener en
cuenta que las definiciones basadas en estas contraposiciones implican una
valoración en ocasiones positiva y en otras, negativa de esas diferencias. La
valoración varía según el contexto cultural y la época. Por ejemplo, para el
Romanticismo, la noción de naturaleza implicaba un fuerte rechazo a los cambios
ocurridos a partir de la Revolución Industrial. Sus propulsores se oponían a la
industrialización de las ciudades, a la idea del progreso basado en la
modificación artificial del entorno, al reemplazo del trabajo humano por las
máquinas y a la visión del universo como una gigantesca maquinaria.
Consideraban que esos cambios alejaban al ser humano de sus fuentes originarias
y proponían el retorno a una situación primigenia que definían como idílica.
Por el contrario, otros pensadores veían esos cambios como sustanciales mejoras
que permitían al hombre vivir más tiempo en mejores condiciones y realizar
hazañas nunca antes logradas.
Para los defensores de
la idea del progreso, la naturaleza era imperfecta y las limitaciones que
imponía eran superadas gracias al conocimiento y la acción. Las concepciones de
la naturaleza como ente viviente se remontan a los albores de la humanidad y
persisten hoy día en numerosas culturas y sociedades. Distintas iniciativas
como por ejemplo el movimiento hippie, el ecologismo y numerosas agrupaciones
campesinas de América Latina han retomado argumentos contra la artificialidad,
adaptándolos al lenguaje moderno y a cada situación local. Algunas de esas
concepciones sostienen que es necesario cambiar los hábitos de conducta para
reducir el impacto de la tecnología sobre los procesos naturales, mientras que
otras creen que la naturaleza es sagrada y que el hombre puede relacionarse con
ella mediante rituales, oraciones, ofrendas y sacrificios, etc. que expresen su
respeto o devoción.
Otros pensadores
consideran que el ámbito humano por excelencia son las ciudades y no la
naturaleza intacta.
En las ciudades el hombre modela el entorno según sus necesidades y encuentra mayor seguridad y confort. Es común que sostengan también concepciones mecanicistas, para las cuales la naturaleza es un conjunto de interacciones entre procesos fisicoquímicos, de modo que si esos procesos son estudiados adecuadamente es posible manejarlos, o al menos predecir sus efectos.
En las ciudades el hombre modela el entorno según sus necesidades y encuentra mayor seguridad y confort. Es común que sostengan también concepciones mecanicistas, para las cuales la naturaleza es un conjunto de interacciones entre procesos fisicoquímicos, de modo que si esos procesos son estudiados adecuadamente es posible manejarlos, o al menos predecir sus efectos.
Para disciplinas como
la Biología, el ser humano es sólo una de las millones de especies que viven en
el planeta, de modo que también forma parte de lo que llamamos naturaleza. Las
relaciones de la especie humana con su entorno pueden estudiarse de la misma
manera que en las demás especies, ya que todas interactúan con el medio
ambiente y lo modifican, en ocasiones de manera muy notable; ejemplo de ello
son los castores, que actúan como verdaderos ingenieros ambientales. Este
enfoque es relativamente más reciente que los anteriores y se fundamenta en que
los seres vivos son sistemas abiertos, que constantemente intercambian materia
y energía con su entorno inmediato. De acuerdo al mismo, los seres vivos y su
entorno constituyen sistemas acoplados, o bien, si se consideran en conjunto,
son compartimientos contiguos e interconectados dentro un mismo sistema. Este
enfoque se verá con mayor detalle en la sección siguiente.
¿QUÉ ES EL AMBIENTE?
Hablar de ambiente o medio
ambiente se ha vuelto en las últimas décadas un tema de discusión primordial en
diversos ámbitos, sean académicos, profesionales, políticos, culturales,
periodísticos, e incluso en las relaciones más personales de cada uno de
nosotros. Las transformaciones e impactos que las actividades humanas ocasionan
sobre el ambiente han llevado a que la sociedad en su conjunto, en particular a
través de los medios de comunicación, considere a la problemática ambiental
como un tema central y cotidiano.
Sin embargo, estos
debates, charlas, noticias y opiniones referidas a la temática ambiental,
muchas veces no logran mostrar en forma clara y precisa qué sabemos sobre el
ambiente, y generan confusión mezclando conceptos y significados diferentes.
Por lo tanto, comenzaremos por aclarar qué entendemos por ambiente.
En una primera
aproximación, podemos decir que el ambiente es todo aquello que rodea y tiene
efectos sobre un organismo vivo. Es un entorno integrado por condiciones
externas al organismo, ya sean factores vivientes y no vivientes. De manera más
formal, para las ciencias naturales el ambiente está formado por la totalidad
de factores bióticos y abióticos que afectan a un organismo individual o a una
población en cualquier momento de su ciclo de vida. Los factores bióticos son
aquellos relacionados con los organismos vivos, como la producción de
alimentos, la descomposición de materia orgánica, la cobertura vegetal, las redes
tróficas, etc. Los factores abióticos no son dependientes de los organismos
vivientes, como el clima, el régimen hidrológico, la composición mineral de los
suelos, la topografía, etc.
Si bien esa definición
incluye al ser humano dentro del conjunto de los seres vivos, es conveniente
aclarar que al hablar de ambiente en relación con las personas incluimos no
sólo los factores naturales sino también los culturales, producto en mayor o
menor grado de la intervención humana (lo que se conoce como “artificial”). Puede
así definirse al ambiente como el entorno o medio con el cual interactúa el ser
humano. La legislación argentina utiliza esta concepción de manera explícita y
se refiere al ambiente incluyendo tanto los recursos naturales como los
culturales, como por ejemplo en la Ley General del Ambiente (Ley 25.675).
Una definición más
compleja, considera al ambiente como un gran sistema, integrado por subsistemas
naturales (bióticos y abióticos), y por subsistemas no naturales, estos últimos
con componentes sociales, políticos y económicos. Por este motivo, al hablar de
ambiente es importante diferenciar si nos estamos refiriendo al ambiente de una
determinada región, al ambiente donde se desenvuelve una determinada especie,
al ambiente urbano o inclusive al ambiente de nuestro hogar. En realidad, todos
ellos son recortes de un sistema más grande y complejo.
Confusión en charlas ambientales
Es importante poder diferenciar los
distintos significados que comúnmente otorgamos a los términos al hablar de la
problemática ambiental. Es frecuente utilizar las palabras ambiente o medio
ambiente, naturaleza y ecología como si fueran sinónimos; lo mismo ocurre con
ecólogo, ecologista y ambientalista. Al usarlas de manera errónea se generan
malentendidos. La primera cuestión que aparece es… ¿debemos hablar de ambiente
o medio ambiente? El término correcto es ambiente. La confusión surgió a partir
de la traducción al español del término inglés environment. Sergio Federovisky
(2011) cuenta que en una conferencia internacional, los traductores tenían como
alternativas las palabras medio, ambiente, entorno y que por error la coma fue
omitida, quedando la expresión medio ambiente. Si bien resulta redundante
debido a que ambas palabras tienen el mismo significado, está ya tan arraigada
que resulta difícil corregirla.
Otro error frecuente es
confundir ambiente con ecología. La Ecología es la disciplina científica que
estudia las relaciones entre los seres vivos y su entorno, es decir, entre los
seres vivos y el ambiente que los rodea. En consecuencia, el ambiente es el
objeto de estudio de la Ecología. Es muy común escuchar… “yo estoy a favor de
cuidar la ecología”, cuando en verdad lo que se quiere decir es….”yo estoy a
favor de cuidar el ambiente”. Por otra parte, el ecólogo es un científico que
realiza investigaciones según los métodos de la Ecología. En cambio, el
ambientalista o ecologista es un individuo que apoya o participa en acciones ciudadanas sociales y políticas destinadas a solucionar problemas ambientales. En cuanto a la diferencia entre ambiente y naturaleza, Reboratti (2000) explica que la confusión surge porque el concepto de ambiente es relativamente nuevo, mientras que la noción de naturaleza es muy antigua y suele aplicarse a todo aquello compuesto por elementos naturales. Una buena forma de diferenciarlos es considerar a la naturaleza como un conjunto de elementos y relaciones terrestres sin una delimitación precisa. El ambiente, en cambio, trata sobre relaciones y componentes biológicos y no biológicos de un determinado sitio.
ambientalista o ecologista es un individuo que apoya o participa en acciones ciudadanas sociales y políticas destinadas a solucionar problemas ambientales. En cuanto a la diferencia entre ambiente y naturaleza, Reboratti (2000) explica que la confusión surge porque el concepto de ambiente es relativamente nuevo, mientras que la noción de naturaleza es muy antigua y suele aplicarse a todo aquello compuesto por elementos naturales. Una buena forma de diferenciarlos es considerar a la naturaleza como un conjunto de elementos y relaciones terrestres sin una delimitación precisa. El ambiente, en cambio, trata sobre relaciones y componentes biológicos y no biológicos de un determinado sitio.
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